Cuando los intereses en común no pueden ser delineados de forma que los intereses individuales concuerden, es mejor analizar las metas y modificarlas de tal manera que el daño individual causado sea el menor posible. Si bien es cierto que esto nos da la falsa perspectiva de que las cosas no pueden ser arregladas, la realidad es muy diferente. El error más común en las parejas que sufren este tipo de transiciones es pensar que los problemas de fondo no tienen solución y el curso de acción tiende a ser la pelea constante por lograr que la contraparte ceda en los aspectos inherentes a la diferencia de opiniones. La realidad es que la diferencia de opiniones es válida en cualquier relación y no necesariamente un punto de quiebre. Si el amor profundo no es motivo suficiente para realizar cambios de fondo, ciertamente es suficiente en todos los casos para realizar un importante cambio de forma.
Las necesidades de cada individuo marcan el paso de la relación y por lo tanto son la base sobre la cual se puede construir un método de acuerdos que logre el objetivo antes descrito.
Es importante delinear lo que es un cambio de forma en contraposición con un cambio de fondo.
El fondo está íntimamente ligado a la esencia básica del individuo. Se encuentra relacionada directamente con sus ideales, normas aprendidas en la infancia, valores, educación y en la mayoría de los casos con su posición social y económica.
La forma a su vez es la capacidad de discernimiento, reacción y métodos que el individuo usa para enfrentar y resolver retos que se atraviesan en su camino, sobre todo cuando éstos atentan contra sus principios básicos.
Cuando un individuo no tiene las habilidades necesarias o suficientes para lidiar con una situación, tiende a retraerse a su estructura de fondo para buscar las soluciones a sus problemas en vez de inventar nuevas rutas que le permitan resolver la situación. A este proceso de introspección le llamaremos SOLUCION BASICA INSTINTIVA.
Este tipo de reacción tiene sus ventajas y desventajas, dentro de las primeras encontramos que el cerebro busca siempre la vía más corta entre dos puntos y ello es solucionar las cosas de la manera que ha provocado mayor satisfacción o tenido mejores resultados, tanto anímicos cómo de aceptación desde el punto de vista del individuo o del grupo social del cual procede. En cuanto a las desventajas, una de las más significativas es que cuando el problema es nuevo, el cerebro intenta relacionar con la situación o situaciones más parecidas e intenta obtener los mismos resultados sin permitir que el razonamiento genere rutas alternas.
En una relación de pareja dónde además se encuentran involucradas las neuronas del corazón, la situación se vuelve más compleja. El corazón es un órgano que transmite impulsos electromagnéticos que además de información, llevan patrones de armonía hacia todo el cuerpo. Sin embargo también llevan esas señales hacia otros seres humanos que las reciben y se sincronizan. De ahí la importancia de que los pensamientos positivos sean el origen de todas las acciones en pareja. Si ambas partes se sincronizan en un flujo negativo, la consecuencia lógica es que acabarán peleando o serán incapaces de llevar a buen término la resolución de cualquier problema.
Esto parecería ilógico bajo las premisas arcaicas del antiguo concepto de la existencia humana. Se creía que si dos personas se amaban, las cosas serían intrínsicamente buenas, benévolas, bien intencionadas e inclusive que por ese solo hecho se resolverían solas. Este es un pensamiento un tanto ingenuo y por demás fantasioso.
El acto de amar produce lazos energéticos tan poderosos que han sido cantados desde la antigüedad en odas, canciones, literatura romántica y un sin fin de formas diferentes de expresión. Lo cierto es que éste tipo de lazos generan un intercambio constante de energía entre las personas involucradas, tan fuerte, que las emociones y sentimientos pueden percibirse sin importar la distancia o el tiempo. En los seres menos evolucionados este intercambio es interpretado como pensamientos o sentimientos individuales pero los seres humanos más avanzados pueden discernir entre los pensamientos y sentimientos propios y aquellos producidos por la pareja.
Este tipo de relación es extremadamente palpable entre madre e hijos, por lo que el inminente riesgo de alguno de los hijos produce profundos estados de angustia y sufrimiento en sus madres aún cuando no parezca haber comunicación directa entre ellos.
De ahí que las emociones negativas puedan volverse tóxicas e incluso fatídicas para una relación de pareja aún cuando uno de los dos no tenga una tendencia natural a sentir éste tipo de emociones constantemente.
Las emociones que pueden provocar éste tipo de ruptura son principalmente: La desesperanza, Los celos, La ira, El rencor, El odio, La ansiedad, La obsesión y La depresión.
Abordaremos brevemente cada una de ellas y relataremos sus efectos en la pareja para saber identificar los síntomas por correlación.
La Desesperanza.
Esta se caracteriza principalmente por un sentimiento de aislamiento que parece provocar la sensación de un entorno en el cual el individuo no puede ser ayudado por nadie. Produce profunda soledad y abatimiento. Incluso puede llegar a provocar deseos de dejar de existir por el dolor intenso que el individuo experimenta.
En la pareja, ésta energía se percibe cómo incertidumbre y rechazo. Provoca desesperación por la incapacidad de acercarse y comprender los sentimientos de la contraparte. Puede sentirse aislado y fuera de alcance.
Los Celos.
Es una serie de actitudes cuyo origen es la inseguridad en la pareja o en sí mismos. Casi siempre se reflejan de forma constante en pensar que la pareja realiza o es objeto de acciones que pueden llevar a una infidelidad ya sea física o mental. En el 90% de los casos esto es meramente un truco de la imaginación pero producen un profundo sentimiento de dolor, impotencia y angustia que se traducen en agresividad y depresión.
En la pareja, ésta energía se percibe cómo agresión constante y pueden llevar a un estado de paranoia inducida por la misma situación. Producen miedo e inestabilidad. Es común que se vuelvan un método de autoflagelación emocional e incluso que se sientan atrapados en un estado en el que si no son celados piensen que ya no son amados.
La Ira.
Es la exageración irracional del sentimiento de enojo, su expresión desmedida se deriva generalmente de la incapacidad de ver objetivamente la situación que la provoca y produce un sentimiento de impotencia combinado con necesidad de tener la razón a cualquier costo. Crea un estado de incomunicación palpable ya que por lo general no se pueden entender razonamientos lógicos ya que invade de forma inevitable todos los sentidos haciendo que la información llegue distorsionada en todas sus expresiones. Puede incluso derivar en agresión física, verbal o pasiva que dañan irreparablemente la relación.
En la pareja, este tipo de energía negativa provoca una de dos reacciones:
1.- La pareja responde de forma directamente proporcional, escalando la discusión para llegar a igualdad de condiciones. Obviamente dicha igualdad jamás ocurre ya que nadie puede tener la razón cuando la discusión se lleva desde el enojo en vez de llevarse desde el amor.
2.- La pareja se somete entrando en un profundo estado de depresión o enojo contenido. A la larga puede caer en desamor a causa de soportar el abuso constante.
El Rencor.
Cabe mencionar que éste tipo de actitud está íntimamente relacionado con las huellas de abandono y experiencias que pueden haber sido adquiridas desde antes de la relación de pareja actual. Por tal motivo es una serie de costumbres más que una actitud esporádica. Se deriva de recordar constantemente las malas experiencias y sufrir sus efectos hirientes cada vez que se recuerdan. Esto se guarda energéticamente en la quinta vértebra dorsal, que al pasar del tiempo, empieza a provocar dolor físico constante y puede convertirse en una neuropatía severa.
Las personas que acostumbran guardar éstos sentimientos negativos tienden a tener un carácter amargo y quejumbroso que además contamina cualquier tipo de relación. Se vuelven apegados y sarcásticos, buscan cualquier oportunidad para reprochar el dolor que sienten cuando nuevamente piensan en los problemas del pasado. No conciben el concepto de perdón y mucho menos permiten que nuevas emociones puedan tomar el lugar cronológico adecuado para que sus sentimientos puedan variar según cada nueva situación emocional. Es una forma de castigar o castigarse constante muy diferente al concepto de justicia común. Tienden a ser parte acusadora, juez, juzgado, ejecutores de sentencia y verdugos despiadados. En un mundo perfecto, a cada error se aplica una sanción o castigo después del juicio. En el mundo del rencoroso, cree tener el derecho a juzgar y sancionar un acto todas las veces que le vuelve a la mente.
En la pareja, este tipo de energía negativa produce angustia, remordimiento, sensación de abuso y profunda tristeza. En la mayoría de los casos deriva en un tormento continuo que lo lleva a alejarse con tal de no tener que seguir soportando el agravio constante y la humillación.
El Odio.
Al igual que en el punto anterior, este sentimiento es una contraposición al amor y se deriva, por lo general, de costumbres más que como consecuencia de un acto aislado. Generalmente es la incapacidad innata de lidiar con situaciones que requieren amor para resolverse. Las personas que son capaces de generar éste sentimiento, por definición, son incapaces de amar o en su defecto son fluctuantes entre ambos estados de ánimo.
En la pareja, este tipo de energía negativa produce un rechazo casi instantáneo. Crea fricciones y termina en desamor casi tan rápido cómo llega el amor en el primer contacto. Es una de las energías más desgastantes y dañinas para cualquier relación.
La Ansiedad.
Cabe mencionar que hay variantes de éste estado de ánimo que son patologías derivadas de estados físicos y psicológicos que no vamos a abordar en éste tratado.
La persona que sufre de éste tipo de emociones queda literalmente desvalido, su capacidad cognitiva, su raciocinio, su reactividad y toda su existencia se reducen a una sensación de encierro en sus propios sentidos y se produce una profunda soledad aún cuando se encuentran acompañados. La angustia que se produce en aquellos que tienen la mala fortuna de experimentar éste estado de consciencia es solamente comparable con el luto por un ser muy amado. En raras ocasiones es controlable a voluntad por el individuo afectado a través de métodos como la yoga, meditación o con medicamentos ansiolíticos que inhiben las sensaciones de desamparo. Si no se trata adecuadamente, ésta patología puede derivar en ataques de Pánico que superan en cantidad e intensidad las sensaciones antes descritas y pueden llevar a situaciones graves e incluso la muerte.
En la pareja, este tipo de energía negativa se percibe como una incapacidad de resolver, de comunicarse adecuadamente ya que los canales de comunicación comunes no funcionan. Provoca desesperación, angustia, tristeza y desesperanza.
La Obsesión.
Los seres obsesivos tienen una tendencia natural a los patrones repetitivos tanto en el buen sentido como en la más profunda de las situaciones emocionales. Se deriva de la incapacidad de aceptar cosas nuevas o diferentes a las que le permiten sentirse en una zona de confort preestablecida. Producen miedo, desolación, angustia y apatía.
En la pareja, este tipo de energía negativa produce la sensación de ser controlados. Provocan incertidumbre cuando se quiere llevar las cosas a nuevos horizontes y generalmente impulsan a que se intente realizar las actividades por separado para no interferir con las costumbres preestablecidas de la pareja. Provoca alejamiento.
La Depresión.
Aunque existen causas bioquímicas que producen éste estado, generalmente es una amplificación del sentimiento de tristeza y soledad. Es un estado de aislamiento que induce una falta de voluntad o deseo por realizar incluso las acciones básicas. Puede llegar a tales extremos que se invalidan los instintos básicos cómo el de supervivencia. Provoca agotamiento extremo, sueño, desapego e incluso la muerte. Este tipo de enfermedad se puede controlar con antidepresivos, ejercicio y rutinas preestablecidas que devuelvan a la persona a la realidad. En algunas ocasiones se puede tratar con dietas ricas en carbohidratos complejos.
En la pareja, este tipo de energía negativa se percibe como tristeza, aislamiento, inaccesibilidad, incomunicación, agresión pasiva y en muchas ocasiones depresión compartida.








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